Río de Janeiro: los secretos de un destino que es mucho más que playas y carnaval
lavozdelnortetv 29-10-2025Tuve la suerte de vivir dos años en este rincón único en el mundo del que me enamoré y que me dejó tantas enseñanzas: desde una mirada más positiva, contagiada de la alegría que se respira en las calles, hasta la amabilidad de los cariocas que hace que el día a día sea mucho más agradable. Pero, por sobre todo, me marcó esa convicción tan propia de su gente: la certeza de que, ante cualquier dificultad, siempre hay una solución, una manera de encontrarle la vuelta. Porque, al final, tudo tem um jeito.
1) Monasterio de São Bento

Monasterio de São Bento, una abadía benedictina con una capilla tallada cubierta con película de oro, es un ejemplo de la arquitectura colonial portuguesa en Río
2) Confitería Colombo

En pleno centro la famosa Confeitaria Colombo, referente de la Belle Époque
Entre 1912 y 1918 los salones del interior fueron reformados, con un toque art nouveu con enormes espejos de cristal traídos de Amberes y enmarcados por elegantes frisos tallados en madera de Palo Rosa. Fue el artesano Antônio Borsoi quien esculpió todo el mobiliario de madera. En 1922 sus instalaciones fueron ampliadas y se construyó un segundo piso, con un salón de té, donde hoy funciona el restaurante Cristovão. Además de admirar la belleza de su arquitectura hay que probar los pasteles -como el Quindim, Mil folhas de Creme o el Pastel de Nata- y los famosos salgados típicos de la gastronomía portuguesa y brasileña. Está abierto de lunes a sábado desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Se recomienda ir durante la semana (en uber o taxi) ya que el centro de Río está más frecuentado y es menos peligroso.
3) Real Gabinete Portugués de Leitura

Pasar tiempo en el imponente salón de lectura, presidido por un atrio central bañado de luz natural, gracias a una enorme claraboya de hierro y vidrio delicadamente pintado, es una experiencia única
Hoy, más allá de su impresionante fachada, el interior es un paraíso para los amantes de los libros: techos altísimos, estanterías de madera tallada, vitrales y ese silencio sagrado que invita a sumergirse entre las páginas. Pasar tiempo en el imponente salón de lectura, presidido por un atrio central bañado de luz natural, gracias a una enorme claraboya de hierro y vidrio delicadamente pintado, es una experiencia única. La colección alberga más de 350 mil ejemplares, incluyendo obras raras y valiosas de la literatura portuguesa. Ubicado en el centro histórico de Río en la rua Luis de Camoes 30, abre al público de lunes a viernes de 10 a 17 y la entrada es gratuita.
4) Museo de Arte do Rio – Mar

Museo de Arte de Río - MAR, en la Plaza Maua, ideal para entender mejor la cultura brasileña
También en pleno centro, ubicado en la Praça Mauá, se encuentra el Museo de Arte de Río (MAR) que ocupa dos edificios históricos, entre ellos el Palacete Dom João VI, declarado patrimonio histórico. La visita se puede realizar tranquilamente en una o dos horas, tiempo suficiente para explorar la historia de la ciudad, su tejido social y su riqueza simbólica a través de exposiciones que abarcan desde el arte histórico hasta el contemporáneo. Recomiendo este museo porque no es tan grande y uno se puede llevar un pantallazo general y entender mejor la cultura brasileña. Coronar el recorrido con un rico café y un brigadeiro es una buena opción para terminar de procesar lo aprendido.
5) Jardín Botánico

La avenida de las Palmeras Imperiales, en el Jardín Botánico, con una altura imponente -superan los 30 metros- es una de las especies arbóreas más llamativas y valiosas de Sudamérica
En cualquier época del año vale la pena hacerse una escapada a esta parte de la ciudad, tan diferente de la orla de Copacabana, Ipanema y Leblon. Es, tal vez, la mejor zona para apreciar cómo la vegetación te envuelve con su exotismo y la selva se hace presente en todas sus formas con sus olores y colores, y en los monitos que se descuelgan de las añosas lianas y muchas veces se acercan a saludar. También es un excelente lugar para observar pájaros ya que hay más de 100 especies diferentes. Caminar en silencio es uno de los secretos para evitar asustarlos y tener la posibilidad de verlos en las copas y troncos de los árboles centenarios.
Mi sendero favorito es la avenida de las Palmeras Imperiales y la de los Palo Rosa: con su altura imponente -superan los 30 metros- es una de las especies arbóreas más llamativas y valiosas de Sudamérica que se caracteriza por sus troncos rectos, negros y brillosos. Recorrerlo todo es prácticamente imposible: el Jardín Botánico abarca 137 hectáreas de las cuales 54 están cultivadas. Pero no hay que perderse las colecciones raras de bromelias y los diferentes tipos de orquídeas que quitan el aliento con su belleza. Para disfrutar de la visita y de la selva atlántica es clave llevar zapatos cómodos y ropa liviana. Se puede ir cualquier día de la semana. Además, si quedan fuerzas, se puede entrar gratis al Museo del Jardín Botánico que se inauguró en marzo de 2024 en una casona del siglo XX con 14 salas.
6) Parque Lage
Ubicado al pie del Corcovado, el Parque Lage es un lugar super pintoresco, famoso por su mansión histórica del siglo XIX, que en la actualidad funciona como sede de la Escuela de Artes Visuales y es el escenario de diversas actividades culturales. En sus orígenes, durante la época colonial fue una hacienda de producción de azúcar. Más tarde, en 1840, el paisajista inglés John Tyndale le dio un toque romántico. En 1859 lo compró Antônio Martins Lage, y empezó a conocerse como el Parque de los Lage.
Pasó por otras manos, hasta que en 1920 lo adquirió el empresario Henrique Lage que mandó a remodelar el palacio con un arquitecto italiano, Mario Vodret, como regalo para su esposa, la cantante lírica Gabriella Besanzoni. Con el tiempo, el lugar se transformó en un espacio público y escenario para icónicos retratos que los turistas brasileños hacen fila para tomarse. En el palacete hay un café muy lindo, rodeado de vegetación tropical y con una vista increíble. Lo mejor es pasear por los jardines, relajarse y disfrutar de la tranquilidad y de la naturaleza exuberante.
7) Teatro Municipal

Símbolo de la vida cultural carioca, el Teatro Municipal es una una parada obligada para quienes quieran ver otra cara de Río
En la plaza Cinelândia, se alza uno de los edificios más imponentes de la ciudad: el Teatro Municipal. Con una fachada que parece sacada de una postal europea, su estilo ecléctico se inspira en la Ópera de Garnier de París. Inaugurado en 1909, después de cuatro años de construcción, el teatro ha sido testigo de más de un siglo de historia y arte. Y como todo clásico que se respeta, ha pasado por varias puestas a punto: en 1934, 1975, 1996 y la más reciente, en 2008, cuando lo dejaron prácticamente como nuevo. Se pueden hacer visitas guiadas para conocer la historia y el esplendor de este teatro con capacidad para 2361 personas. Hoy sigue siendo un símbolo de la vida cultural carioca y una parada obligada para quienes quieran ver otra cara de Río, más allá de las playas y el carnaval.
Imperdible en Niterói: Museo de Arte contemporáneo

El futurista Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi vale la pena la hora de traslado desde la zona sur
Colosal, espacial, futurista. El Museo de Arte Contemporáneo creado por Oscar Niemeyer fue inaugurado el 2 de diciembre de 1996 y es considerado como una de las 7 maravillas del mundo en museos, según medios especializados. La forma del MAC evoca una flor o una nave espacial flotando sobre una piedra que avanza hacia el mar. Las vistas panorámicas de 360 de la bahía de Guanabara y las ciudades de Río de Janeiro y Niterói son realmente impactantes y justifican la hora de traslado desde la zona sur. Tuve la oportunidad de asistir al atardecer a la magnífica muestra Un Lento Venir Viniendo, de la colección de Alec Oxenford, en noviembre de 2022: ver arte argentino exhibido en uno de mis lugares favoritos en el mundo es una experiencia que voy a atesorar siempre.